Vuelvo a revisar al azar alguna colección para hombre de este verano
y en varias ocasiones me encuentro a Tom,
Sawyer no Ford,
Tom Sawyer, el entrañable personaje de Mark Twain.

Propuestas desenfadadas, cómodas, juveniles.
Colores favorecedores, tejidos que acarician y se vuelven todo pliegues, divertidas superposiciones y un aire de confortabilidad muy deseable.
No sé qué fue antes, si la calle o la pasarela, pero es una tendencia que he visto que ha influido en algún que otro zagal insolente.
Colores favorecedores, tejidos que acarician y se vuelven todo pliegues, divertidas superposiciones y un aire de confortabilidad muy deseable.
No sé qué fue antes, si la calle o la pasarela, pero es una tendencia que he visto que ha influido en algún que otro zagal insolente.

Y me hace pensar en Tom Sawyer y en su amigo Huckleberry Finn, en la indolencia de las tardes de verano, en el río Misisipi y en aventuras fluviales, en el silencio de la hora de la siesta y en la sombra que dan los sicomoros, en esos murmullos del campo que Capote llamaba el arpa de hierba, en todos los escritores que hablan del sur y en un placer pausado y cristalino.
Dibujos © Nan de Bil

